Es curioso cómo funciona la mente, igual que el cielo. No el
cielo como ente religioso, sino como fenómeno atmosférico. Unos días está todo
despejado, tranquilo, en silencio. Otros días aparecen nubes que nos joden el
sol. Pero algunos días esas nubes se cargan de más y aparece la tormenta. La
ansiedad busca cualquier momento de debilidad para intentar aparecer. Es muy
lista, se las sabe todas, a veces parece que te conoce mejor que tú mismx.
Utiliza viejas sensaciones, que anteriormente hubieses ignorado, pero una vez
el tsunami de la ansiedad pasa por tu cuerpo es difícil que no vuelvan a saltar
las alarmas. Un antiguo sentimiento de soledad puede llegar a recordar momentos
de tremenda ansiedad, provocando una espiral de sensaciones y pensamientos del
tipo "¿y si vuelvo a sentirme así?". Da miedo, pero es necesario
pasar por ahí. Repetir esos momentos con la misma (o casi) intensidad que
antaño es muy doloroso, pero es lo que hace que nuestra mente comprenda que lo
el eco de lo que una vez sentimos no es realmente lo que notamos ahora.
Y así, sin más, los truenos de la ansiedad caen de nuevo.
Asustan, molestan, incomodan. Pero es el camino que me ha tocado vivir, el de
seguir luchando contra esas sensaciones y esos pensamientos hasta que cada vez
sean más suaves, hasta que ya no asusten.
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