No siempre es lo que parece




Muchas de las cosas que para otras personas son divertidas, para mí, en plena lucha contra la ansiedad, son una pesadilla. El otro día fui al cine, después de muchos años. Encima fui a un cine que está a 45 min de mi ciudad. La peli sabía que me iba a gustar, fui con mi pareja, por lo que desde fuera parece un plan perfecto para un sábado, algo que cualquiera disfrutaría. Pues para mí fue una lucha. Estar allí, lejos de mi casa, encerrada en cierto modo dentro de una sala, me hizo sentirme angustiada. La ansiedad subió, y hasta me dieron ganas de llorar. Llorar pensando en por qué no podía ser una persona normal y disfrutar de un plan así. Pasaban los minutos como si fuesen horas. Tenía tanta ansiedad que no podía ni concentrarme en la peli, así que de la primera parte no me enteré de nada.. En mi cabeza solo se escuchaba "sal de aquí", y la batalla fue realmente dura. Es como explicarle a un niño que se tiene que comer las verduras para hacerse mayor. Así son mis conversaciones con la ansiedad. Ella erre que erre con que hay un peligro y yo dándole razones lógicas de por qué no hay ningún motivo por el que preocuparse. La ansiedad no suele escuchar, especialmente mientras crece. Ella tiene que subir y llegar a su punto máximo, luego mantenerse, y poco a poco va comprobando que no pasa nada y baja. Esto tan resumido puede durar horas. La peli duraba 150 min, y yo diría que al menos 90 estuve batallando. Acabé con un dolor de cabeza terrible, y un cansacio inmenso. Piensa que en el fondo, tu cuerpo se activa al máximo para luchar o huir de un peligro. Pero valió la pena, porque aunque fue realmente duro, como hacía mucho, conseguí decirle de nuevo a la ansiedad "no vas a impedirme vivir mi vida. Ya no"

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