Si algún día te cruzas con una persona con ansiedad,
ayúdala. Nadie puede entender la desesperación, la soledad, y la incomprensión
que supone algo como eso.
Demuéstrale que estás ahí, que no está sola.
Hazle reír, enséñale que todavía hay motivos por los que
vivir.
Sostenle la mano cuando no quiera más que tirarse al suelo y
que todo pase.
Respira con ella, cuando su cuerpo no le responda a las
órdenes de respirar con normalidad.
Abrázala, cuando no encuentre palabras para expresar su
angustia, y solo le nazcan suspiros y lágrimas.
Háblale, aun cuando su mente le habla tan rápido y tan
desagradable que no pueda escuchar.
Cámbiale de tema, haz que salga de sus pensamientos aunque
solo sea por unos segundos y dristráela.
Camina a su lado, cuando sus piernas flaqueen, y los pasos
no sean más que temblor y miedos.
Pero sobre todo, lo más importante..
No le juzgues, no intentes pensar que está así porque quiere
y que cualquiera podría salir de ese estado porque todo es mental.
No le des consejos, si no te los pide.
No pongas de ejemplo situaciones parecidas, porque de seguro
no tendrán nada que ver.
A veces, la gente con ansiedad, con miedos, con depresión..
solo quieren compañía, o alguien que les escuche y abrace. No buscan ningún
héroe que les diga lo que tienen que hacer.
Si algún día te cruzas con alguien con ansiedad, recuerda
que esa persona está teniendo una enorme batalla interna, y que cualquier buen
gesto puede literalmente salvarle la vida.
Puedes hacer que no se apague su llama, como la imagen que
acompaña esta reflexión. Puede ser tenue, pero todavía está encendida, y puede
aumentar más con el apoyo correcto.
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