Perdí la cuenta de los orgasmos
entre mis manos.
Debí de haber parado hace un rato,
pero la lujuria siempre fue mi mayor pecado.
En noches como esta,
sola, con las manos entre mis piernas,
empapada en sudor, y lo que no lo era,
me di amor, junto a la luna, ambas despiertas.
Es extraño, pero me masturbo sin recuerdos,
sin imagenes, sin sueños ni deseos.
Es puro instinto, fuego interno desenfrenado,
es centrar mi mente en las sensaciones de ahí abajo.
No podía dormir, y esto no ayuda.
Pero a veces las ganas se acumulan,
y salen sin que te des cuenta
en forma de espasmos, placer y fuerza.
En noches como esta,
sola, con las manos entre mis piernas,
perdí la cuenta de los orgasmos que allí prendieran.
Perdí la cuenta, también, de las tensiones que quemé en esa
hoguera.
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