Decidí




Mi silencio no te deja verme morir. Siembra dudas, crea intriga, y desafía cualquier acto de orgullo. Decidí callar, dejar de dar señales. Decidí retirarme de la partida, a ver qué pasaba. Decidí dejar de hacer el ridículo, de ir una y otra vez. Decidí simplemente esperar, aunque cueste, a los siguientes movimientos. Lentamente, sin prisa, sabiendo que, como en una buena partida de ajedrez, los movimientos pueden tardar demasiado. No importa, aguanto el momento.
Decidí no hacer nada, como mi mejor movimiento.


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