La navidad ya no es lo que era. Esta nochebuena fuimos
cuatro en la mesa. En menos de media hora ya habíamos terminado de cenar.
Cuesta reír cuando falta tanta gente en la mesa. Cuesta seguir en pié año tras
año con sus ausencias. Una hora después cada uno a su casa. Esperé a mis amigos
durante horas, porque sé que sus fiestas familiares son más grandes y las cenas
más largas. Pero mi familia fue arrasada por la desgracia hace tiempo, y ahora
solo deja un sabor amargo de lo que un día fue dulce. Ahora no espero con tanta
ilusión las fiestas porque se palpan la tristeza y la nostalgia en el ambiente.
Y está mal, porque cada año hay que celebrar que unos pocos todavía seguimos
juntos. Pero cuesta tanto seguir en pié... Y ahora me hallo aquí, sin saber qué
hacer, ni a dónde ir.
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