No ha sido un buen día, realmente mis expectativas se han
caído poco a poco. Esta semana no solo tenía exámenes, el reto era realmente
mayor. Cuando comenzó toda mi ansiedad hace ya tres años, empezó en época de
exámenes. Realmente suspendí algunas asignaturas únicamente porque durante los
exámenes estaba con una ansiedad desbordante. Temblaba, no podía escribir, no
podía quedarme en el sitio, no podía respirar, solo quería salir corriendo y
llorar, tenía miedo de tantas cosas… Ahora estoy mejor, pero el hecho de volver
a hacer exámenes era enfrentarme a la situación donde comenzó todo. Distinto
sitio, mismo contexto. Realmente estuve estudiando a ratos, porque la ansiedad
ha ocupado casi todo el espacio estos días. No podía pensar, no podía concentrarme.
Intenté mantenerme positiva, visitando la ciudad, museos,
admirando la cantidad de pintadas preciosas que habían por las calles.. Me
traje casi como tesoros algunos de mis hobbies favoritos, para que de alguna
manera me subiesen el ánimo.
Pero hoy, no solo siento que no sirvo para esto, sino que
ahora, que por fin llegaba el finde y podía salir y despejarme con unos amigos
por esta ciudad, como llevaba queriendo hacer meses, se me ha puesto un dolor
de pierna horrible que no me deja caminar. Por lo que me toca quedarme en casa.
La sensación de incapacidad sube como una ola por mi cuerpo
lleno de heridas, escociendo. La tristeza ha abierto sus compuertas y está
inundándolo todo. Las preguntas se amontonan en mi mente. Y los sentimientos..
mejor no entrar en esas aguas tan pantanosas en este momento.
Y sí, lloro. Estoy triste y lloro.
Me da mucha rabia cuando estoy mal y alguien dice “pero no
llores”. ¿Cómo que no? Es importante sacar las emociones, para que no se queden
dentro y vayan haciendo agujeritos en el alma. No es agradable, está claro,
pero es necesario. Cuando estoy mal prefiero simplemente que me abracen, que me
escuchen. Pero a veces cuesta encontrar esa reacción, y mi mecanismo de defensa
es encerrarme y no mirar el móvil. Es curioso, pero hace unos años, cuando
empezó toda la ansiedad, me quejaba mucho por dentro de que estaba sola y no
tenía a nadie a mi lado que me consolase de alguna forma. Ahora, incluso cuando
hay gente que se preocupa realmente por mí, es como si necesitase estar sola. A
solas con la tristeza. Tan poético como agónico. Es algo en lo que estoy
intentando trabajar, para abrirme y dejar atrás ese inservible mecanismo de
defensa.
“Nunca nada salió como creímos”, escuché en una canción. Y,
¿sabes qué? Así está bien. Al fin y al cabo, que la vida de sorpresas y que las
sensaciones arrasen nuestro cuerpo como tornados, es una forma de sentir que
estamos vivos. Y por más que a veces duela, como dice otra canción, “la única opción
que queda es correr cara al abismo”.
Si te gustó, echa un vistazo a estas otras reflexiones:
[Texto e imagen propias protegidas con derechos. Cualquier
copia sin autorización se considerará un delito. Si ves estas imágenes en otras
personas, te ruego te pongas en contacto conmigo. ¡Muchas gracias!]

Comentarios
Publicar un comentario