Reencuentro sorpresa con la ansiedad




Vaya, querida ansiedad, hace tiempo que no te veía por aquí. No te voy a mentir, no te echaba de menos. Pero he de decir que aunque cuando llegas se me hiela la sangre como siempre, poco a poco dejas de preocuparme tanto. Es cierto que todavía no estoy fuerte del todo, y que a ratos te sigo temiendo, sigue ese eco de ti como un mal sueño. A ratos mi mente se llena de escalofriantes recuerdos de cuando dominabas mi vida y sentía cómo no era capaz de hacer nada. Esa gran mentira que siempre me haces sentir. Es curioso, porque aunque te tengo cada día de forma suave, cuando llegas más fuerte no puedo evitar pensar “es cierto, antes estas sensaciones me hacían perder la calma y entrar en pánico”. Ese pensamiento constante de que nunca seré capaz de vivir bien y que todo este esfuerzo será en vano que siempre aparece, pero cada vez creo menos. Voy lenta, pero voy con todo, porque ya he sentido que perdía hasta la voluntad y el control, y me hizo darme cuenta de que ya no podía perder más. Y de ese modo, también fui perdiendo el miedo. Era lo único que te quedaba por quitarme. Es curioso, aunque no te echaba de menos, echaba de menos estas conversaciones. Ahora te veo cada vez más pequeña. Fíjate, ya estás dentro. Siento los temblores, ese hormigueo constante recorriendo todo mi cuerpo, el cuerpo acelerado, los músculos tensos, la vista nublada, el mareo, la angustia. Y cómo antes sólo con mencionar cada síntoma se magnificaban los mismos y ahora es solo una descripción objetiva. Recuerdo el vacío que sentía cuando no aparecías, y cómo ahora la aparición inesperada eres tú, casi como si a veces olvidase que existías. Lo contrario a lo que me hacías creer. Ahora sé que sólo eres un cúmulo de sensaciones más, y que dejarte entrar es solo asumir que eres parte de mí, pero en un momento incorrecto, y que poco a poco mirándote de frente cada vez apareces menos en situaciones cotidianas donde no es necesaria tu llegada. Y es que me han enseñado que no eres peligrosa, de hecho eres útil, pero ahora mismo no, no hay ningún peligro real. Hoy puedo salir a la calle contigo, con ese miedo cada vez menor, pero que ya no me impide seguir con mi vida. Que si estoy haciendo algo y apareces diciéndome que huya que voy a morir, puedo seguir y ya no empiezo a correr ni me hago una bolita en un rincón. Cómo incluso me atrevo a retarte y llevarte más al límite, como antes tú hacías tú conmigo. Ya ves, siempre bajas. Y aunque me has hecho sufrir, me has enfrentado a mis miedos, empezar a escucharme y poner en orden mi mente, y así aprender. Así que nada, ansiedad, hasta la próxima. Ya no huyo, aquí te espero.


Si te gustó, echa un vistazo a estas otras reflexiones:


[Texto e imágenes propias protegidas con derechos. Cualquier copia sin autorización se considerará un delito. Si ves este contenido en otras personas, te ruego te pongas en contacto conmigo. ¡Muchas gracias!]

Comentarios