Siempre me reventaron las generalidades, la gente que
generaliza en general, valga la redundancia.
Como si todas las personas
pudiésemos clasificarnos en una serie de grupos, como si no fuésemos cada unx
de nosotrxs únicxs.
Incluso yo, que tanto odio actos así, me he sorprendido a mí
misma generalizando en algún momento. Porque ni soy perfecta ni lo pretendo.
Pero sí intento evitar actitudes como estás, y corregir si me aparecen solas.
Como hago con un montón de actitudes políticamente incorrectas, claro.
Generalizar es, a grandes rasgos, asumir que algo es
igualmente aplicable a todo el mundo. Que vale para todxs. Pero las
generalidades llenan de complejos, llenan de frustración a todas esas personas
que no se sienten identificadas con lo que pretendemos generalizar. De las
generalidades nacen las intolerancias, nacen los prejuicios.
Ni todxs somos buenxs, ni todxs somos malxs. Ni todo es de
un color ni de otro. Hay todo un abanico de colores, con sus diversas
tonalidades, que se aplican a cada persona, e incluso, en cada ocasión.
Deberíamos evitar
meter en el mismo saco a todo el mundo, porque no hay un saco tan grande como
para meter al propio mundo.
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propias:

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