Cuando se escribe por necesidad. No porque quieras decir
algo, sino porque tu mente necesita expulsar algo. Porque te lleva días,
semanas, meses gritando algo que ya no puede callar ni contener. Porque tiene
que salir por algún lado todas esas líneas que por no escribirse entran en un
vacío, en una espiral constante sin freno, en un nudo que lejos de soltarse
cada vez se aprieta más. Y llega una tijera y lo corta todo. Eso es la
escritura.
Cuando de repente no aguantas más una opinión y la vomitas
sin control alguno. Como esa cena que te ha sentado mal y finalmente sale. Como
ese virus que está en tu interior esperando un momento de relax entre tanto
estrés y de repente en unas vacaciones te pones enfermx. Eso es la escritura a
veces.
Todas esas palabras que no se dijeron. Todas esas líneas que
nunca fueron escritas. Todos esos pensamientos que vagaron por la mente como
almas en penas hasta que un día la gota rebosó el vaso y se desbordó.
A veces sucede, que intentas evitar pensar en algo. Que
intentas no centrar tu mente en algo para no darle más poder del que quieres.
Creyendo que como a veces se disuelven pensamientos al no centrarnos en ellos,
va a pasar lo mismo siempre. Pero de repente llega un pensamiento que no se va.
Se agarra a tu mente como si le fuese la vida en ello, como si al soltarse
cayera por un acantilado hacia una muerte segura. Y ese pensamiento no se va,
sigue ahí hagas lo que hagas. Hasta que un día tu mente no puede más y explota.
Llega el vómito, el desbordamiento, las tijeras que cortaron el nudo. Y sale
todo. Ya sea un día de borrachera, un día solx en casa cantando y gritándole al
aire, hablando con alguien, o escribiendo. Simplemente materializando en letras
lo que tortura tu pobre mente cansada. Eso que no se va, y que en un acto desesperado
por desprenderte de él, lo escupes. A veces funciona y no vuelve a tu mente. Lo
consigues sacar, plasmar, y olvidar. Pero otras no.
Hay pensamientos que no se borran ni cuando el deseo de
escribir se transforma en necesidad y expulsas todo aquello. Llega un momento
en que te das cuenta que ese pensamiento ahora forma parte de ti, y se ha
convertido en tu acompañante de viaje.
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