El machismo en el hogar




Antes de leer este artículo, te pido por favor que leas este otro artículo, donde hablo de que esto no es un ataque personal hacia nadie, sino una forma de intentar crear conciencia con este problema. Un intento de crear un mundo con más empatía y más respeto hacia todxs. 

Es cierto que ya no estamos en la época donde todas las mujeres se casaban pronto por conveniencia de su familia con una persona que ni conocían, se convertían en máquinas de hacer niñxs, y su vida se reducía a limpiar la casa, cuidar el legado, y servir a su marido. Pero que en algunos países no sea exactamente así, no significa que en otros no lo siga siendo. En muchos lugares esto sigue siendo una triste realidad.
Pero que en lugares más “desarrollados” (que mira que me molesta ese término, pero es para que se entienda a qué me refiero..), hay un machismo todavía latente, fuerte, y camuflado. Mujeres que siguen teniendo que encargarse absolutamente de todas las tareas del hogar, lxs niñxs, y además su propio empleo, cuando su pareja solo trabaja y no hace nada. Guerreras, sí, pero ¿por qué se dejan hacer eso? ¿Por qué no paran los pies, se sientan con su pareja y reparten tareas? He visto mujeres realmente feministas, luchadoras, con una mentalidad de convertir el mundo en un lugar más justo, caer con la edad en una caverna con un neandertal que no hace nada. Pero nada en el sentido de estar sentado en la mesa (que no ha puesto, no ha cocinado y por supuesto no va a quitar ni limpiar) y decir “nena tengo sed”, y que ella, estando comiendo, se levante y le traiga los deseos a ese genio perteneciente a la época de las cavernas. Ver como con cada gesto como ese, muere una parte de mí de impotencia, rabia y tristeza por la lucha feminista. A esa persona que comento, a ese hombre neandertal que comento, le planté cara una vez. Estábamos preparando la mesa (él no, claro) en una cena, y faltaba gente por llegar. Con todos sus huevos, coge y se sienta y empieza a comer. La mesa sin terminar de poner, gente sin llegar, y nadie más sentadx en la mesa. Le digo que se espere, que es de educación esperar a que estemos todxs sentadxs para empezar a comer (me mordí la lengua en la parte de “y más si tú no has movido un dedo para preparar todo esto”, porque ante todo soy educada). Esa persona, siguió comiendo mientras se lo decía, y me decía que tenía hambre. Después de decírselo varias veces y que no me hiciese caso, siguiendo comiendo cada vez más, cada vez que se lo decía, al final cogí y le quité el plato, diciéndole que era una falta de respeto tanto a los demás como a mí por decirle algo y no prestarme atención. Esta persona, como un niño pequeño, empezó a atacarme verbalmente. Su pareja, la que hablaba anteriormente, le dio el plato con tal de que se callase. Dejando una vez más que se saliera con la suya. Por culpa de gente como ese hombre, y siento decirlo, también por esa mujer, el feminismo sigue estancado.
Esta historia que he querido compartir contigo hoy, no es más que una de tantas que ocurren en los hogares de esos países que llaman “desarrollados”, cuando no lo son, cuando sigue habiendo un machismo realmente fuerte en la sociedad. Hay una increíble desigualdad en el ámbito doméstico de la que no se habla. Siguen habiendo más mujeres que hombres que se encargan de todas estas tareas domésticas. Ojo, no digo que no haya hombres que compartan tareas y ayuden por igual en el hogar (o incluso más). Por suerte, en mi familia más cercana siempre he podido sentirme orgullosa de dicha igualdad con los miembros de mi familia. Solo digo que hay un alto porcentaje de hogares con un marcado machismo. Este es un tema para reflexionar, porque una vez más es romper un esquema socialmente aceptado y bien visto. Eso cuesta, porque a muchas cosas no se les da importancia precisamente por ello. Pero para crear una sociedad en base a la igualdad, debemos no solo darnos cuenta de esto, sino criar a lxs niñxs con estos mismos valores. Que no vean como algo normal que las niñas que encarguen de todo, sino que todxs por igual deben repartirse tareas, y que nadie es esclavx de nadie.


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