Ya no hay luces de navidad que iluminen nada, no se oyen risas junto a la hoguera porque ya ni se enciende. No hay abrazos. Se rompió todo. La navidad dejó de tener sentido y ahora es un día más en el calendario. Los mensajes tienen el "visto" pero no su respuesta, el silencio se apodera poco a poco de la familia, y la ilusión voló en el último vendaval. Brillan las calles mientras bajo mi mascarilla lloro desconsoladamente, el frío me permite abrigarme y sentirme tan invisible por la calle como en mi familia.
Intenté ser fuerte, intenté escribir, pero tanta espalda acaba secando hasta a la planta más resistente. Intenté esforzarme más, pero ya nada es como antes, ya nada funciona, ya no hay cumpleaños, ya no hay navidad, ya no hay visitas, conversaciones, ya no habrán felices momentos que recordar. Solo quedan las fotos de lo que una vez fue una familia feliz..
Una familia rota por el dinero, por la muerte, y que sigue tropezando con la misma piedra haciendo que cada vez se palpe más la soledad. Una familia que era feliz, y ahora se ignora. Una familia con un eco constante de felicidad que se ha apagado hasta el mutismo total.
Se apagaron los focos, se cerró el telón, y el micrófono se puso en off. La función más bonita de la vida se fue cancelando poco a poco por la ausencia de los actores.
El árbitro pitó el final del partido, la aficion enmudeció poco a poco hasta parecer inexistente, y los jugadores se fueron cada uno por su lado.
Cada día menos ganas de luchar, cada día más ganas de coger carretera y desaparecer, cada día un poquito menos de ilusión, cada día miles de lágrimas desbordan mis ojos de pura impotencia.. y a ellas les da igual, porque dentro de su corazón están haciendo lo que creen correcto aunque ese líquido corra por mi piel quemando todo a su paso..
Hay marcas que no se ven, que se guardan muy dentro. Hay dolores que pesan tanto que no puedes levantarte de la cama en días, y hay actos de unas personas que cambian por completo la vida de otras personas. Pero a quién le importa? Si algo ha aprendido esta sociedad es a mirar a su propio ombligo y ya está. La empatía jugó al escondite y nadie la encontró.
He vivido tantos momentos dolorosos que, como dijo el gran Miguel Hernández "no sé por qué ni cómo me perdono la vida cada día", pero sin duda los actos de tres mujeres que sentía parte de mí ha sido lo que me está quebrando el alma. Y yo cada día tengo menos ganas de quedarme en "visto".
Estas navidades las pasaría encerrada en mi casa sin ver a nadie, pero voy a interpretar la mejor función: la de chica que finge ser de una pieza cuando está rota en mil pedazos.
Comentarios
Publicar un comentario