“Hay días en los que no puedo volar porque el dolor es un
lastre” decía el gran Locus, y realmente así estoy bastantes días en las
últimas semanas. Creo que mi dolor, de malas experiencias, no me deja avanzar.
Es como si estuviese ahí, agazapado en algún lugar de mi cerebro, sin que se
note su presencia, y cuando algo se asemeja a algún problema del pasado.. boom!
Salta..
Esos días oscuros, donde la cabeza parece ir cuesta abajo y
sin frenos, y estamos tan cansadxs que no podemos hacer nada para pararla. No
podemos porque en el fondo, sabemos que tiene parte de razón, que ese
sentimiento tiene que salir de algún modo, que no hemos superado las cosas
tanto como creíamos. Los días oscuros son normales en todas las personas,
porque es común tener algún día en el que digas “A la mierda todo”. Pero poco a
poco ves que no, que hay muchas cosas que valen la pena. El problema, en mi
humilde opinión, es cuando la semana tiene más días oscuros que alegres. Cuando
estás agotadx de luchar y solo quieres esperar que todo pase. Ese acto pasivo,
de dejar mandar la parte pesimista de dentro, es un modo de sumisión, de
rendición. Consciente o inconscientemente, pero empiezas a creerte lo que dice
tu cerebro. Días oscuros, días llorosos, días de dejarlo todo.
Estos días estoy un poco más así, y bueno, quería
compartirlo por aquí, porque sé que mucha gente se siente así y tiene esos días
oscuros. Pero que es algo normal, y bueno, solo queda sobrevivir a los
pensamientos y esperar de nuevo el sol.
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