Fantasmas del pasado





La gente sale y entra de nuestras vidas constantemente. Hay gente que siempre nos dio igual que vinieses o que se fuese, que no volvemos a ver nunca y ni nos preguntamos qué fue de ella, o que nos cruzamos años después, nos viene un vago recuerdo, y seguimos como si nada. Hay otra gente que nos llegó hondo, y cada vez que volvemos a ver, surgen pensamientos de por qué se separaron nuestros caminos, en qué momento esa amistad se fue diluyendo hasta desaparecer, y siempre es una alegría verles. Pero luego están los “fantasmas del pasado”, que a su vez hay, al menos, dos tipos. Lxs que de alguna manera te tocaron tan hondo, que para asumir su pérdida, tuviste que matarlxs en tu mente. Como única vía de escape para sobrellevar su marcha. Y al verles, se para el corazón como si de un fantasma real se tratase. No sabes cómo sentirte ni actuar. Por suerte, hay muy pocos de estos fantasmas (o eso creo). Pero por otro lado, están los otros fantasmas del pasado. Gente que te hizo tanto daño, que para ti están muertxs. Te suena esto, ¿verdad? La traición, el dolor, la tristeza que desgarra el alma, la desconfianza.. Nadie está exento de estos sentimientos. Desde el más pobre hasta el más rico. Desde el que se deprime por todo hasta el que dice ser una piedra. Estxs fantasmas, al igual que lxs primerxs, tuviste que matarlxs en tu mente para sobrellevar algo. La gran diferencia, es que lxs primeros es para sobrellevar su ida, y lxs segundxs para soportar que sigan viviendo. Nadie merece morir, y eso es cierto. Pero cuando ves ciertas cosas, no puedes evitar pensar lo injusto que es que esa gente siga viviendo. Sobre todo si, como yo, tienes la desgracia de haber perdido gente que sí merecía vivir. Como nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie (ni debería hacerlo nunca), decides matarlx en tu mente. Que de repente ya no exista para ti. Fingir, de corazón, que esa persona murió. Pero un día te lx cruzas, y se te congela cada célula de tu cuerpo, porque de verdad estás viendo un fantasma, unx muertx. Millones de recuerdos te pasan por la mente, tan rápido que, por suerte, solo puedes darte cuenta de algunos. Se forma en ti un coctel de sentimientos, sensaciones y emociones, la gran mayoría negativas. Mientras caminas, se acelera el corazón, se entrecorta la respiración, sube tu temperatura. Evitas mirar, evitas decir nada, y haces como si de unx desconocidx se tratase. Pero lx conoces, ¡vaya si lx conoces! Que puta rabia que los segundos se hagan tan enormemente largos. Pero por fin pasa, y vuelve a entrar el aire en ti. Y mientras tu cuerpo se recompone, y los pensamientos van bajando, todavía queda alguno que se detiene para que lo recuerdes bien. Luego te cagas en esa persona, por haberte hecho pasar todo el día pensando en ella. Y enfadada.


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